Oscar Agustín Alejandro Schulz Solari (1887-1963), Xul Solar, dedicó siete años a la elaboración de su ajedrez reformado o panajedrez. Frente al tablero de trece filas por trece columnas, con 30 piezas que ingresan cuando él lo decide, cada pieza es un mundo y cada casilla una oportunidad para reescribir el universo. Ambos jugadores pueden componer palabras en la pan-lingua (idioma que el propio Xul inventó), combinar colores como en una obra de arte, escribir un poema, utilizar acordes musicales, resolver ecuaciones matemáticas o jugar su destino con sólo mover las piezas de acuerdo a su horóscopo. Si el ajedrez clásico tiene 10^120 posiciones, el panajedrez engloba a todas ellas y las multiplica por un número inimaginable.
Consonantes, vocales, colores, planetas y constelaciones, se unian en una telaraña tan enrevesada que podría asusta inclusive al mas avezado. Usted quizá se pregunte por las reglas que regían al juego y básicamente eran las que convengan en el momento; de ello se quejará el gran Jorge Luis en su oda al ajedrez: ¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza? Ahí estaba la inspiración de uno de los grandes: Xul Solar, el motor de Borges. Aquel que de manera tacita haría ingresar a su mundo literario como una forma de reconocimiento.
En el panajedrez de Xul Solar las piezas eran planetas que surcaban por los trebejos venidos a constelaciones del zodiaco, aunque también eran consonantes que, al caer en las combinaciones silábicas de los escaques, podían formar palabras nuevas, en una forma combinatoria eterna.
El tablero era infinito, y pese a su forma rectangular se podia pensar de el como una esfera pues al igual que la primer columna, se conectaba con la ultima, la ultima fila se conectaba con la primera de modo tal que formaba un escenario sin principio ni final para la creación. Las piezas (treinta para cada jugador) se iban colocando a medida que el juego avanzaba, y se podían acumular una encima de la otra, lo cual era preferible, y aumentaba la complejidad del hallazgo ocasionado. Había piezas como torres y caballos y alfiles y reyes, como en el ajedrez, pero se codeaban con otras más etereas, como la contratorre, la bitorre y la tritorre y una especialmente interesante que podía ser usada por los dos jugadores: el azar.

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